To be or not to be: Productos orgánicos

Por: Mariana Gómez Olavarría

Hoy en día enfrentamos una problemática de la que todos estamos conscientes, pero lamentablemente solemos no saber cómo resolver: el sistema alimenticio.

Según la ONU, cada día mueren aproximadamente 25 mil personas por hambre. Eso significa que, mientras leías estos renglones, 17 personas murieron. Sin embargo, un tercio de la producción alimenticia termina perdiéndose entre la cadena alimenticia. La tasa de problemas diabéticos y/o cardiovasculares relacionados con una mala alimentación se ha convertido en una pandemia fantasma que acecha a la luz del día pese a que es ignorada; en México, según la OMS, tales enfermedades representan la causa del 40% de las muertes totales a nivel nacional. Y, aparte de todo esto, los recursos naturales para la producción, así como ciertas prácticas, están destruyendo poco a poco ecosistemas, como lo vemos en el Amazonas.

Hace meses, me di a la tarea de estudiar todo esto a fondo, y entendí que no se trata de encontrar una simple solución mundial, sino de crear una sumatoria de posibles respuestas y mejoras para evitar las catástrofes de tales problemáticas. Así que, querido lector, te propongo empezar este viaje conmigo, analizando pequeños términos, ideas simples o completamente elocuentes e innovadoras, para ver qué es lo que podemos hacer hoy mismo.

Quisiera empezar esta aventura hablando sobre el debate entre los productos orgánicos y los productos creados a partir de otras técnicas, como son las prácticas de cultivos híbridos y la hidroponía. El marketing nos ha hecho creer inequívocamente que los productos orgánicos son la solución a todos nuestros problemas; pagamos más por ellos, los buscamos, pedimos certificaciones, pero muchas veces seguimos sin comprender por qué.

Los beneficios y retos de los productos orgánicos

Los productos agrícolas orgánicos son aquellos cuyo crecimiento se basa en producir el alimento a partir de los recursos naturales propios de la zona. En otras palabras, es plantar una semilla en la tierra y esperar a que crezca sin intervención de pesticidas, fertilizantes u otras substancias químicas externas.

Entre sus beneficios, está que la mayoría de las cosechas tienen un mayor contenido nutricional que aquellas creadas con la intervención del hombre. Por ejemplo, según un documental de la DW llamado El negocio de las semillas híbridas, los tomates de hace cincuenta años tenían más nutrientes que los que solemos consumir hoy en día.

Hasta aquí todo parece perfecto, ¿no? Un producto natural y más nutritivo al alcance de todos. No obstante, lamento decirles que el panorama está incompleto. Esto sucede porque los alimentos orgánicos no tienen un estándar de calidad propio, puesto que la calidad entre cada pieza de la cosecha es muy heterogénea. Además, tienen una facilidad de contraer plagas u otros problemas que evitan el consumo humano, tienen un ciclo de vida mínimo y evitan la eficiencia de uso de recursos naturales (tanto de agua como de superficie utilizada).

Si tomamos en cuenta que el food waste y el food wastage representan el 22% de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con el sector alimenticio, que a su vez es uno de los dos principales sectores más contaminantes que tenemos según el IPCC, podemos concluir que la pérdida de los alimentos no solamente impacta la accesibilidad de tal, sino que también genera una contaminación desmesurada que puede cuantificarse.

Si bien consumir productos orgánicos supone consumir mejores nutrientes, también supone una mayor contaminación a nuestro planeta por el mayor uso de recursos naturales, así como mayor desperdicio de comida.

Otras técnicas han sido creadas para tratar de contrarrestar tales efectos, algunas veces sacrificando beneficios. Hoy quisiera presentarles dos alternativas a los productos orgánicos.

La primera alternativa es el uso de granjas verticales pertenecientes a la técnica de la hidroponía o inclusive aeropónica. De esta alternativa salen varias vertientes, pero el concepto simplificado es este: en un espacio reducido, se crean diferentes estantes verticales u horizontales. Tales estantes, son parte de un sistema de riego en donde la misma agua, a la cual se le añadieron nutrientes de manera artificial, corre una y otra vez, alimentando las plantas que se encuentran sobre tales estantes.

Entre los casos de éxito de esta técnica, tenemos a Singapur o los Países Bajos. Crear un sistema hidropónico conlleva una inversión alta, y por eso no es tan accesible para grandes poblaciones. Pero esta alternativa ayuda a disminuir la deforestación por temas agrícolas, así como a reducir más del 90% del agua en comparación con la práctica orgánica. En adición, ésta es líder en manejar los recursos naturales de una manera completamente eficiente.

La segunda alternativa es aquella que suele ser más polémica, estamos hablando de cultivos relacionados con la intervención humana. En este caso, podemos hablar de varias prácticas, tales como los transgénicos, pero en este artículo nos enfocaremos en los frutos provenientes de semillas híbridas. A simple vista, cuando escuchamos que se trata de una modificación genética de los frutos, nos asustamos. Recordamos rápidamente todas las películas de ciencia ficción y suspenso que tratan sobre “jugar con lo ya creado”, decidiendo inmediatamente que no es una opción viable o moral. Yo también fui así, créeme, pero para ser honesta, después de investigar, me di cuenta de que tal vez no es tan malo como a simple vista suena, y te diré porqué.

Pero primero, es importante mencionar qué es un cultivo híbrido. Es un fruto perteneciente a una técnica donde se tienen a dos “padres” que en sí mismos no son idénticos. Es decir, la semilla no tiene pedigree, al contrario, es una planta mestiza que heredará características de ambas plantas. Los ingenieros utilizan esta técnica buscando combinar características específicas para producir nuevos frutos.

Los cultivos relacionados con tal práctica suelen tener como fortalezas aquellas debilidades que tienen los cultivos orgánicos (y viceversa). Estos cultivos usualmente no tienen un nivel de nutrientes alto, pues se buscan otras propiedades, tales como el tamaño y la durabilidad en su ciclo de vida. Éstas últimas propiedades, pueden aumentar la accesibilidad de productos agrícolas a zonas donde la comida fresca suele no ver el día. Sin embargo, la apuesta suele excluir la calidad nutricional, y por ende, el sabor de los productos.

Ahora, querido lector, ya que conocemos un poco más sobre estas tres prácticas, así como sus beneficios y retos, quiero pedirte un favor. Decide por ti mismo qué productos escoger. En este mundo no hay ninguna regla de oro en cuánto al medio ambiente se trata. Si quieres consumir de manera local, tal vez los productos orgánicos o la hidroponía serán tu mejor opción. Por otra parte, si tu prioridad es ayudar a erradicar el hambre en países y zonas de difícil acceso, quizás los productos híbridos serán mejor opción. Pero es un hecho que todos necesitamos informarnos y encontrar un equilibrio entre calidad, cantidad e impacto ecológico para tomar las mejores decisiones.

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