México en el Espacio

Por el equipo de Space CUlagos

México, a pesar de lo que se tiene pensado en la cultura colectiva, no es ajeno a los temas aeroespaciales; y aunque no haya tenido todavía gran relevancia en el escenario internacional, los esfuerzos no son pequeños. Tan solo con decir que un mexicano ya ha ido al espacio exterior y muchos ingenieros e ingenieras están trabajando en organizaciones espaciales tales como la NASA, ESA y JAXA, nos llena de esperanzas para seguir trabajando duro. Pero para saber cómo hemos llegado hasta aquí, debemos echarle un vistazo a nuestro pasado.

¿Cuál es la historia de México en el Espacio?

Tras el lanzamiento de algunos cohetes experimentales por algunas universidades mexicanas como el IPN y la UASLP a finales de los 50s y principios de los 60s, el gobierno de Adolfo López Mateos decretó la creación de la Comisión Nacional del Espacio Exterior (CONEE).

El primer cohete mexicano en emplear un motor cohete de combustible líquido fue construido y lanzado el 24 de octubre de 1959 en el estado de Guanajuato, su nombre es el “SCT-1”, y alcanzó 4 mil metros de altura. No obstante, después el “SCT-2” lo superaría con 25 mil metros.

Tras estos eventos, el gobierno creó al CONEE, y así mismo, este impulsó la creación del Departamento del Espacio Exterior en la UNAM. Para 1965, se firmaría el primer Acuerdo de Cooperación del CONEE con la Administración Norteamericana de Aeronáutica y el Espacio (NASA).

Dos años después de este suceso, aparecieron los cohetes Mitl (o flecha en Náhuatl) con carga útil de 8 kilogramos; el primero de esta serie el “Mitl 1”, logrando ascender     50 km. Su sucesor, el  “Mitl 2”, cohete formado por dos etapas, logró una altura de 120 km; este cohete está diseñado para llevar cargas de 700 gramos a 55 kilómetros de altura.

Después de estos lanzamientos y otros más realizados por institutos académicos mexicanos (tal es el caso de la Universidad de Zacatecas con el “UAZ-7”, un cohete de combustible sólido lanzado en 1970), el CONEE desgraciadamente desapareció en 1977 durante el mandato de López Portillo. Pero, esto no impidió seguir avanzando en esta industria. Así pues, en 1985, México enviaría a su primer hombre al espacio, Rodolfo Neri Vela, cuyo trabajo fue asistir a la puesta en órbita del segundo satélite mexicano de comunicaciones el “Morelos II”.

La UNAM en 1996, logró enviar el satélite “UNAMSAT B”, y para estos años empezaron los primeros intentos de crear una agencia espacial mexicana. Tras un arduo esfuerzo de ingenieros y académicos, tales como Fernando de la Peña y José Luis García, surge en 2010 la Agencia Espacial Mexicana.

Pero, una vez llegados hasta aquí, ¿cómo estamos actualmente?

México tiene un enorme potencial para hacer investigaciones sobre el espacio exterior. No hay que olvidar que contamos con grandes observatorios astronómicos, como el Observatorio Nacional de San Pedro Mártir, el Gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano (GTM) y el observatorio High Altitude Water Cherenkov (HAWC), producto del esfuerzo binacional entre México y E.U.A, capaz de captar a los cuerpos celestes que producen rayos gamma.

México tuvo una compañía de satélites llamada Satmex, que desarrolló el satélite Satmex 8, aunque después la compañía fue adquirida por una empresa francesa.

Actualmente en la Agencia Espacial Mexicana, se está promoviendo y colaborando para realizar diferentes proyectos, como es el caso de “Proyecto AztechSAT-1”, en la que, junto a la Universidad Popular Autónoma de Puebla, se puso en órbita el 5 de diciembre de 2019 el satélite AztechSAT-1. Este proyecto fue solicitado por la NASA a México para resolver el problema de comunicación con una constelación de satélites.

Y, aunque aún nos falta mucha más inversión en estructuras para la investigación espacial, nos sobra talento, porque los mexicanos han llegado a las instituciones como la NASA. Tal es el caso de Margaret Zoila Domínguez Martínez, licenciada en física por la UDLAP, que realiza una investigación en la NASA, donde se está haciendo el Telescopio de Sondeo Infrarrojo de Campo Amplio o por sus siglas en inglés WFIRST. O también podemos nombrar a Edgar Gonzales Zavaleta, estudiante de la carrera de Ingeniería mecatrónica por la Universidad Tecnológica de Altamira, que se integró al programa de la NASA “Advanced Life Support Systems” donde se mejora el sistema de reciclaje en el espacio para futuras misiones espaciales. Y como último ejemplo, tenemos a la Ingeniera Dorothy Ruiz Martinez, una méxico-americana que ha trabajado en la NASA como Instructora de astronautas en el sistema de control y propulsión para el Transbordador Espacial, Ingeniera de Planificación de Actividades Espaciales en Tiempo Real (RPE), Coordinadora de Enlace de actividades espaciales entre la NASA y la Agencia Espacial Rusa, entre otros cargos.

Y con todo esto, ¿qué será de México para las próximas generaciones?

Dentro de los futuros proyectos que tiene la AEM, está el lanzar una constelación de 4 satélites de órbita baja. La misión de dicho proyecto es rastrear animales marinos, para así comprender mejor sus trayectos y crear un plan de protección de la fauna marina. Este proyecto, con nombre Constelación AztechSAT, une a 7 universidades mexicanas, con planes de ser enviada en el año 2023.

La Universidad Panamericana está haciendo un proyecto en colaboración del MIT (Massachusetts Institute of Technology) y el Jet Propulsion Laboratory de la NASA, cuyo objetivo mencionan en su página es “ probar nueva tecnología espacial, a través del desarrollo de un nanosatélite CubeSat de 3 unidades capaz de obtener mediciones de la densidad atmosférica en la Órbita Baja de la Tierra, con las cuales busca estudiar fenómenos atmosféricos y contribuir globalmente a la solución del problema de la basura espacial. Al mismo tiempo, este proyecto impulsa el desarrollo de la tecnología aeroespacial en México.

Y las universidades públicas no se quedan atrás, la UNAM piensa mandar un conjunto de 9 robots pequeños a la luna como parte de la misión Colmena. Los satélites se desplegarán en la luna aleatoriamente y se hará un viaje por su superficie para encontrarse. Una vez reunidos, se conectarán eléctricamente unos con otros para formar un pequeño panel solar y harán mediciones del polvo regolita que levita en la superficie lunar debido al viento solar.

En conclusión, México, como cualquier otra nación en desarrollo, presenta muchas dificultades económicas para lograr tener instituciones grandes enfocadas a temas aeroespaciales, pero esto no ha sido impedimento para que los mexicanos hayamos destacado en esta área. El ingenio, la motivación, la creatividad y la persistencia, característicos de los latinoamericanos, y en especial en México, han hecho posible que más y más jóvenes tomen las riendas de la innovación y la investigación, haciendo que el país se tome más en serio la importancia de la ciencia.

El futuro que se avecina será una gran oportunidad para que nos transformemos en una potencia tecnológica.

Referencias

 

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