Los trofeos guardados en los cuartos de tu mente

Autor: David Vidaña 

 

Todos pensamos; pero en ningún momento podría asumir que todos pensamos lo mismo, ya que este sería un mundo muy aburrido si así fuera. Cada persona tiene distintas cosas que abundan en su mente: intereses, preocupaciones y una que otra cosa desconocida que va tomando forma dentro de su cabeza. A pesar de esto, si podría apostar que existen algunas cosas pasan en tu mente; esas que son extremadamente normales, puesto que todos las sentimos, pero a veces olvidamos que no somos los únicos con este tipo de pensamientos. 

 

Así que, me gustaría que hablemos de estos pensamientos… 

 

Para empezar, puedo apostar que en tu mente existe una preocupación constante por el futuro. El futuro siempre tiene un nivel de incertidumbre, y es normal encarar lo desconocido con algo de inquietud en nuestro ser. 

 

También puedo apostar que dentro de ti existen unas ganas enormes por mejorarte a ti mismo; no estarías en este blog de no ser así. Vives bombardeado por ideas, y constantemente estás pensando en cómo hacerlas realidad. 

 

Mi tercera apuesta va a un punto un poco más abstracto y personal, pero que es una constante en la gente. No obstante, antes de decírtela, me gustaría hablarte de algo primero. Imagina que pudieras entrar en tu mente y ver tu vida hasta ahora, representada en una gran casa llena de cuartos, donde cada cuarto representa una parte de ti y de tu vida. En esta casa, es muy probable que haya un cuarto de trofeos con todos tus triunfos hasta ahora, trofeos grandes y pequeños, representando cada uno de tus logros a lo largo de tu vida. Pero, en lo que me quiero enfocar, no es en este cuarto, puesto que es diferente para cada uno de nosotros; sino que quiero que te enfoques en el cuarto de al lado. Este es un cuarto aún más espacioso, llamado: “El cuarto de lo que nunca fue”. Este cuarto está lleno de trofeos y premios más grandes y brillantes que los de al lado, los cuales nunca dejan de brillar y pareciera que nunca se ensucian; son premios realmente majestuosos, los cuales, por desgracia, no son tuyos ya que NUNCA los ganaste, porque nunca sucedieron. Este cuarto estará lleno de los galardones que “hubieras ganado, pero…”; ahí es donde está mi apuesta. 

 

En este espacio, existe un premio el cual hubieras ganado si en lugar de estudiar una semana para tu examen, hubieras estudiado 2; otro por haber prestado atención desde el primer día de clase, en lugar de ponerte a platicar con tus amigos; otro por esa relación que hubieras tenido si te hubieras animado a luchar por la persona que querías; y otro por ese emprendimiento que ya estaría tomando vuelo si hubieras escuchado a tu corazón, en vez de a todas las personas que te dijeron que era una mala idea.  Al fondo del cuarto, hay una pared tapizada de tus argumentos con los que pudiste haber ganado las discusiones que has tenido durante toda tu vida, y al lado, un monumento a la persona que serías si tuvieras ese hábito que siempre haz querido inculcar en tu rutina. 

 

Imaginar esto puede ser muy doloroso y frustrante para cada uno de nosotros. Sin embargo, la verdad es que todos tenemos un “cuarto de lo que nunca fue” en nuestra mente y existe por nuestro afán de mejorar. Llega un punto donde dejamos de ver nuestros logros, y nos enfocamos en los aspectos donde carecemos de algo, permitiendo que nuestra mente se esfuerce por hacernos sentir responsables de esa carencia. Un aspecto interesante de este cuarto es cómo lo dejamos apoderarse de nuestros planes y acciones, pues dejamos de vivir en el presente y de hacer ciertas cosas, solo para recordar cómo fallamos en ellas, destruyendo nuestros ánimos de volverlo a intentar. 

 

La apuesta que tengo sobre este cuarto no es sobre su existencia, sino sobre el hecho que no es nuevo para ti. Tal vez no tenías nombre para describirlo, pero existe, y podemos pensar que llegas a pasar mucho tiempo en él, anhelando lo que nunca fue. 

 

Y tengo certeza de que voy a ganar esta apuesta, ya que hoy en día este cuarto ha tomado una presencia más visible en nuestras vidas debido a la pandemia que vivimos, manteniéndonos encerrados no solo en nuestras casas, sino en una mentalidad de “lo que hubiera sido”… El estudiante que hubiera sido en clases presenciales en lugar de las virtuales, el tipo de conversaciones que tendría con las personas que quiero si las pudiera ver en persona, el tipo de crecimiento que tendría mi proyecto de tener un mercado y estilo de vida como el que teníamos antes de esto… Todos tenemos ese tipo de pensamientos de anhelo, es normal sentir que pudimos haberlo hecho mejor; el problema radica en que no podemos ver al horizonte encerrados en un cuarto. Tenemos que ver más allá de “lo que nunca fue” para ver cómo llegar hacia lo que realmente queremos.

 

Asimismo, hay que tener cuidado, porque este cuarto puede volverse un búnker. Un lugar donde te encierras en ti mismo y te quedas en un deseo frustrado, en una narrativa de víctima, de lamentarte y de añorar esos trofeos que no son tuyos. Puede ser un lugar que te ahogue poco a poco, y que te quite toda esperanza e ilusión por el futuro. Por eso es importante que nos salgamos de ese cuarto, que veamos que existen otros cuartos aún por llenar, y que el futuro está lleno de posibilidades; que tu pasado no te condiciona ni te limita, y que ya no puedes hacer nada por lo que ha quedado atrás. 

 

Tu vida y tu presente se escurren entre tus dedos cuando desperdicias tu tiempo contemplando tu cuarto de “lo que nunca fue”. Necesitas hacer las paces con ese cuarto y salirte, utilizar esos símbolos como motivación para luchar por tus nuevos sueños, para dejar de consentir tus excusas y ceder ante tus miedos. Es verdad que nuestras vidas han cambiado, pero ya basta de querer algo que simplemente YA NO ES. Es momento de aceptar lo nuevo, de contemplar el caos y la incertidumbre, y así dar ese salto de fe para construir la vida que soñamos y lograr eso que estamos destinados a hacer. 

 

No eres tus circunstancias, eres tus decisiones. No eres tu pasado, eres lo que haces en el presente.

 

Así que, ¡hoy te invito a tomar el control de tu vida, pasar por el cuarto de tus trofeos que sí has logrado y creer en ti! Permítete ver que aún hay mucho que hacer.

 

Entonces, ¿estás listo para cerrar la puerta a ese cuarto y vivir tu vida?

 

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