Dejar de tener para ser

Por: Vicente Covarrubias

Mi nombre es Vicente Covarrubias Velasco, tengo 24 años y, como la mayoría de las personas que crecimos en una ciudad, fui manipulado por la creencia de que quien tiene más, significa que tiene un mayor estatus o que es más feliz.

 

Desde pequeño, se me inculcó el deporte, el arte y el estudio, algo por lo que siempre estaré agradecido con mis padres, además de su apoyo incondicional. Fue a través de viajes, personas y lugares, que mi perspectiva de cómo veía al mundo empezó a cambiar; así que, de pertenecer a un círculo de consumismo, poco a poco me fui dando cuenta que tener menos le da más valor y sentido a las cosas.

 

¿Te has preguntado cuánto tiempo tienes para usar tus cosas?

 

Esta pregunta fue para mí una limitante en cuanto a las cosas que tengo y que necesito. En esto me baso para saber si en realidad hay algo en mi vida que no estoy utilizando; de ahí el famoso dicho “menos es más”, porque cuando tienes menos cosas, hay más tiempo para sacarles provecho, usarlas, limpiarlas, tenerlas en óptimas condiciones, disfrutarlas, para que así no terminen quedándose sin usar y se descompongan con el tiempo.

 

Una de las experiencias que empezó a generar mi cambio, fue cuando dejé mi camioneta suv por una van, la modifiqué para crear una casa rodante en donde pudiera ir a cualquier lugar. Comencé a viajar, siendo así que este nuevo estilo de vida se convirtió en mi pasión: un estilo minimalista con espacios reducidos y una capacidad inimaginable de creatividad.

 

Me vi forzado a dejar todo lo que acumulé durante toda mi vida y solo empacar lo necesario. Créanme que cuando les digo que, por mencionar un ejemplo de un viaje, en mi van de 9 metros cúbicos de espacio, 2 personas, viajando por 6 meses, teníamos cosas que en realidad no necesitábamos. Aquí es cuando reflexiono y pienso, ¿qué es lo que necesitamos para vivir? ¿Qué es lo esencial en nuestra vida?  Y creo que la respuesta a estas preguntas es simple: solo aquello que en realidad vas a utilizar, a sacar provecho de él, a tener el tiempo para usarlo, limpiarlo y el espacio para guardarlo sin que sea un estorbo.

 

Tuve la suerte de encontrarme con una mujer que tiene tanto para dar y que, conectando de una manera muy especial, realizamos aventuras únicas donde aprendimos a estar en ese

flow constante de vivir la vida. Sin duda, su forma tan sutil e inteligente de aprovechar el tiempo, con una gran sencillez de disfrutar el día a día, son de las cosas que más admiro… Porque cada día se sigue aprendiendo, y uno está en constante cambio.

 

El tema de vivir con lo esencial es simple; es estar en sintonía contigo mismo, con la naturaleza y con los seres que lo habitamos. Porque cada acción que nosotros realizamos, tiene una respuesta de la que nosotros somos responsables, y a veces, es tan sencillo como comprar algo en la tiendita o en el super que en realidad no se necesita y refleja en un daño al ecosistema.

 

Se trata de buscar alternativas más sustentables, como consumir productos locales, donde no existe una gran huella de carbono por tener que transportar un producto del otro lado del mundo, aparte que estos productos tienen un mayor impacto en la economía de la zona y esto ayudará al crecimiento de la economía local.

 

Como veo el dinero, o la adquisición de un producto, es como una apuesta o una creencia en la empresa a la que se lo estás comprando. Con esto me refiero a que, al momento de comprar algo, ese dinero se convierte en magia, porque con eso, esa persona va a poder seguir creando y evolucionando. Por lo tanto, el detalle está en apoyar a aquellas que hagan las cosas bien y en qué, a final de cuentas, el que va a consumir este producto serás tú.

 

Por esto mismo, vuelvo al concepto de vivir con lo esencial. Ir a comprar frutas y verduras al mercado más cercano; consumir el menor plástico de un solo uso posible (y de ser opción, eliminarlo por completo); cuando viajas, hacerlo de una manera más sustentable apoyando a negocios pequeños, más ecológicos o boutiques (siempre buscando que estos proyectos tengan un real impacto en la economía local y que el impacto que tienen al medio ambiente sea mínimo o nulo);  consumir mariscos provenientes de la acuacultura responsable, y dejar de capturar las especies marinas para que estas vuelvan a tener un balance en sus ecosistemas; comprar frutas y vegetales que vengan de una granja donde utilicen conscientemente los controles de plagas y quieran brindarte un producto de calidad; comprar ropa y/o accesorios que sean hechos de productos reciclados, o que tengan una tendencia a no seguir creando más basura.

 

Existen muchísimos ejemplos y conceptos, pero el mejor que te puedo dar es que, siempre que vayas a comprar algo, así sea un manzana o un carro, que investigues todo lo que hay que saber detrás; como ejemplo, ¿de dónde viene?, ¿es saludable?, ¿qué impacto tiene con el medio ambiente?, ¿en realidad lo voy a usar?

 

Con esto me despido, agradezco tu tiempo para leer este artículo, y espero haber podido sembrar en ti esa curiosidad que me llevó a ser una persona más consciente, que vive en sintonía con la naturaleza, ya que, al final… todos somos uno.

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