¿Cuánto vale el agua?

Por: Dr. Hugo Briseño Ramírez

Profesor Investigador de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Panamericana Campus Guadalajara

 

Estimado lector, seguramente alguna vez en tu vida te has quedado sin agua. Al menos un día o algunas horas. ¿Qué recuerdas de ese momento? Te ayudo a hacer memoria.

 

La primera gran molestia es no poder bañarte, o peor aún, empezar a bañarte y quedarte enjabonado. Tener que salir de la regadera a quitarte la espuma y vestirte con la seguridad de que en tu cuerpo convive champú seco con algo de mugre.

 

Continúas tu día y requieres preparar los alimentos, por lo que vas a lavar la loza del día anterior. Por autómata, vas al fregadero y no sale de nuevo el agua. Te las ingenias para prepararte algo y ensucias más platos, mismos que no podrás lavar.

 

Como es natural, más tarde irás al baño. Sin embargo, la primera vez que fuiste en el día utilizaste el agua que quedaba en el tanque. Ahora el baño quedará sucio. Sabes a lo que me refiero, no profundicemos.

 

Podríamos seguir con la historia… En resumen, en ese momento te sientes sucio, tu casa huele mal y empieza a verse desagradable. Imaginemos que pasan los días. Las cosas empeorarán exponencialmente. Te lo prometo.

 

Estamos acostumbrados a que cuando abrimos la llave salga agua. Sin embargo, ese hecho no es nada sencillo. Ese recurso provino de algún lago, de algún río o de algún pozo. Y no solo eso, sino que de esa fuente natural se llevaron a cabo acciones para que el agua llegara a la llave.

 

Eso pasa en los hogares más afortunados, porque hay muchas personas que tienen que caminar alguna distancia considerable para hacerse de agua. Y aún así, se considera que cuentan con el recurso para fines estadísticos.

 

Ahora te pongo otro ejemplo. Tienes sed. Mucha sed. Imagina que acabas de correr cinco kilómetros, jugar al fútbol o hacer ejercicio en general. Recuerda esa sensación de sequedad en tu garganta y labios, así como la necesidad de tomar un delicioso vaso de agua para sentirte más cómodo. Llegas a tu casa y te percatas de que no hay agua.

 

Sigamos con el ejercicio. Llegas a la tienda a comprar una botella de agua y te dicen que no hay. Recorres desesperadamente varios comercios, y al fin llegas a uno donde hay una fila muy larga para hacerse del vital líquido a un precio mucho más elevado. ¿Cuánto pagarías para quitarte la sed e irte a descansar?

 

Pongo un tercer ejemplo. Viajas en una avioneta y por accidente tienes que aterrizar de emergencia en un desierto. Hace mucho calor. Tienes bastante sed y no tienes agua. Pasa el tiempo y sigues con mucha sed. Buscas en los compartimentos de la avioneta y solo encuentras joyas preciosas, oro y billetes. Pasa el tiempo y sigues sin tener agua. Empiezas a deshidratarte. ¿Entregarías todas esas riquezas por un vaso helado de agua, si fuera tu única posibilidad? Seguramente la respuesta es sí.

 

El primer ejemplo es muy real, el segundo es hipotético y el tercero muy poco probable. Sin embargo, me parece que nos orillan a hacernos una pregunta: ¿cuál es el valor del agua?

 

Como lo vimos anteriormente, depende de muchas circunstancias. No obstante, no podemos negar que el precio que pagamos por ésta es muy pequeño respecto a las satisfacciones que nos puede generar.

 

Este día debemos reflexionar; cada minuto que pasa, nuestra ciudad tiene mayores problemas de suministro de este vital líquido.

En días pasados, nos anunciaron que la presa de Calderón se está secando. Hagamos un atento llamado para que cuidemos este recurso natural. Y, sobre todo, a que agradezcamos a la vida por tan valioso regalo.

 

¿Cuánto vale el agua? Mucho más que su precio. Hacer viable nuestra existencia. Valorémosla.

 

 

Texto publicado en el periódico “La Crónica Jalisco”.

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